29 de marzo de 2013

El ser y la Nada (I): Actuar

En la cuarta parte de El ser y la Nada, Sartre dice:
Actuar es modificar la figura del mundo, disponer medios con vistas a un fin, producir un complejo instrumental y organizado tal que... la modificación aportada a uno de los eslabones traiga aparejadas modificaciones en toda la serie y, para terminar, produzca un resultado previsto.
Luego dice que la acción es intencional, voluntad y propósito. Dice también que cuando se concibe otro estado de cosas donde nos vaya mejor, es decir, que podamos planificar e imaginarnos un estado de cosas posible desde nuestras capacidades donde estemos mejor, decidimos que el actual estado es insoportable. Si el sufrimiento del hombre no cambia no es porque esté habituado, sino porque no puede imaginar que las cosas puedan ser diferentes. Entonces no actúa "porque le faltan la cultura y reflexión necesarias para hacerle concebir un estado social en que los sufrimientos no existan". Parece que ciertas condiciones no les parecen accesorias o habituales sino naturales. Es decir, en cierto modo, esenciales. Ser obrero es ser pobre, lamentable, miserable, jodido, etc. Entonces desde esta situación en la que la condición es natural, no se puede concebir otra forma en la que las cosas fueran lo mismo pero mejores, es decir, no se puede pensar en ser un obrero que no sea miserable, que no esté bajo condiciones de trabajo penosas e indignas, que tenga más tiempo, mejor salario, etc. Y esto se repite hasta al absurdo en todas las condiciones humanas: la de la mujer que le toco ser mujer, la del católico, la del ingeniero, etc. Es decir, en cierto modo estas definiciones-distinciones nos llevan a la integración del hacer con el ser, como si nuestras condiciones externas fueran intrínsecas a lo que somos, una visión muy determinista. No podemos hacer otra cosa que no seamos. Obviamente, Sartre quiere romper con esto, en aras de ser más auténtico en oposición a la explotación. Contrapone dos situaciones: la responsabilidad individual versus la causalidad estructural. No niega la influencia de las condiciones, y lo resume en su famosa frase: siempre podemos hacer algo de lo que hicieron con nosotros.

P.S. (3.junio.2013)
Es difícil no hacer una reflexión sobre el presente, sobre las condiciones de los trabajadores actuales (los white-collar workers y los blue-collar workers). Un obrero de principios de finales del siglo XIX y principios del XX miraría asombrado a nuestra clase trabajadora y profesional. En este tiempo se comienza a cobrar conciencia de las condiciones de vida del proletariado, el trabajador comienza a rebelarse a raíz de las concepciones marxistas donde el generador del capital, el obrero, es paradójicamente el más empobrecido y en las peores condiciones. Comienzan entonces las luchas sociales: los derechos humanos, la prohibición de trabajo para los niños, la igualdad de género, la implementación de la jornada laboral de 8 horas, la seguridad universal, etc.
¿Por qué ha habido un retroceso? En mi opinión se ha educado a una sociedad entera bajo la premisa del trabajo-para-vivir. Quiero decir con esto que se ha implementado una conciencia de clase, un tipo de fusión del hacer con el ser. Quizá peque de reduccionista, pero se puede verificar con simplemente mirar el objetivo de toda la educación que recibe un ser humano: integrarlo a una sociedad consumista-productora de bienes y servicios. Compra y produce, produce y ganas, ganas y compras más. Y es bajo esta educación que un educando comienza a pensar que el trabajar (y trabajar más que otros) es intrínseco al ser humano. Un humano exitoso, un humano realizado es uno que logró trabajar y acumular bienes. El éxito profesional es la cumbre de nuestro sistema social. Cualquier cosa que tenga qué soportar un ser humano para lograr llegar a la cumbre es percibida como transitoria y necesaria, por ello todo es tolerable, incluso que abusen de nuestros derechos, abusar de los derechos de otros, aceptar cambios perjudiciales, dañar nuestro ecosistema, etc.

26 de marzo de 2013

Unas palabras que les sonarán mainstream: El progreso está atascado de errores y desestabilizaciones. Empezando por aquella singularidad justo en el momento en el que nació el universo dando origen al Big Bang... fue la primera cosa inestable, y también la más grande. No sabemos a quién le salió mal ese experimento.
Seguimos con la historia de eso. La convulsa historia de la formación de los elementos químicos en el centro incandescente de estrellas en proceso de descomposición. Éstas explotaron, su polvo cósmico devino en otros cuerpos celestes, por ejemplo, la Tierra. Nitrógeno, oxígeno, carbono, azufre, fósforo, sodio, calcio, etc. Energía que hoy nos aniquilaría nos dio origen: luz uv, calor volcánico, y otras radiaciones ionizantes fueron la fuente que usó el organismo primigenio para organizarse. Mutaciones, sí, cosas inestables, orden del caos, patrones emergieron, así como emerge de un mar convulso de letras en nuestra memoria una palabra.
Acumulación de desorden, de anomalías, y los organismos fueron haciéndose cada vez más complejos. Uno de aquél lado producía dióxido de carbono, otro más allá lo utilizaba y producía oxígeno. Uno tenía branqueas, otro piernas o alas. Lancen un puño de hojas en un remolino de viento e intenten predecir su estado final.
Hablo del lenguaje que quizá surgió como un juego de niños que descubrieron sus cuerdas bucales por error. Porque el error rompe con el pasado y hay que reinterpretar. Hay qué ser creativos, dialécticos.
También hablo de Marx que pensó la historia como una lucha de clases al notar el desgraciado rumbo del capitalismo como error y horror económico.

De Einstein que creó la Teoría de la Relatividad porque Newton se había equivocado. De la interpretación de Copenhagen de la mecánica cuántica que hizo de la realidad nada más que una percepción probabilística.
De Bolztmann que dijo que el universo se enfriará y desaparecerá en la nada algún día, porque estamos viviendo un error, y esa es una forma de cerrar la historia.

24 de marzo de 2013

Leteo

La superficialidad en entresijo, levitar como una hoja en el otoño. (Ocho minutos de llanto como fiel gotera, en la bañera suave. No importa... tengo otra vida en la vajilla nueva). El vaso vacío en la mano desde hace horas, sobre el pasto seco, sobre mi sombra, se derrama. Las fotografías son la entrada a lo perdido.

La existencia es algo absolutemente innecesario, se puede trascender desde la muerte. (Turbia sangre, rojo escarlata, sangre oxigenada. Paredes exquisitas, navegables; dulce olvido). La memoria múltiple sujeto. La memoria deveniendo tú, separándose, escindiéndome. Este, aquel, la percepción. Yo otra vez. Los rostros del espejo, la vía láctea. La fundación de la tristeza. La elongación de la nostalgia.

Dios oxidado detrás de la puerta. (Qué linda voz la de la nada, Sigur Rós lloró un piano en la distancia). Adán se suicidó sin Eva, Eva murió de soledad.

j/e, 05/07/09, 00:15

Concatenación causal


Si dios existe o no, eso no hará la diferencia. Aquí esbozamos un breve artículo científico donde explicamos un alumbrador experimento en Biología Sintética. Jack Szostak, de Harvard, ha probado la creación de autómatas celulares basados en moléculas autorreplicantes, bicapas lipídicas que se alinean espontáneamente, y un intercambio de energía/materia en un medio de soluciones acuosas.
La teoría termodinámica de la abiogénesis parace más real que nunca. Un servidor, basado en los primeros experimentos de Szostak y Ghadiri, logró identificar moléculas pre-RNA autocatalíticas, que se arreglan en una solución acuosa de acuerdo a los grupos funcionales y las interacciones que se pueden lograr entre ellos.
Por más que el autor buscó y buscó, en esas moléculas, capaces de autoordenarse y formar lo que bajo criterios actuales llamamos vida, no encontró nada parecido a un diseño inteligente, o un creador. El autor se propone a sí mismo como un creador.:

Si bajo condiciones controladas, un científico logró crear células a partir de simples moléculas orgánicas inertes, y estas células son capaces de una evolución darwinista, ¿podremos llamar dios a este científico? ¿ Qué clase de dios sería? Un dios con bata, y sus poderes serían el conocer reactivos, mecanismos de reacción, tubo de ensayo, computador, simuladores...

La vida, dicen los que saben, se formó una vez y para siempre. Una vez adquirimos suficiente complejidad (es decir, los elementos que nos forman interaccionaron unos con otros y de esa interacción surgieron fenómenos emergentes... la visión, las neuronas, el olfato, la mente...), quisimos investigar nuestro origen.
Por allá, hace miles de millones de años, quizá existieron unos científicos muy curiosos, una forma de vida que al averiguar sobre su propio origen, metieron varios moles de aminoácidos, nucleótidos y moléculas orgánicas a un tubo de ensaye, y aislaron moléculas replicantes, micelas, células... Sorprendidos por su descubrimiento, pero sin saber todavía cuál era su origen, decidieron visitar un planeta en ciernes en una galaxia cercana, y una vez en él, liberaron su producto en un mar sobre arcilla. La vida evolucionó, adquirió complejidad. Se formaron especies. Se formó un órgano capaz de averiguar al mundo, razonar, inventar.
Y decidieron averiguar sobre su propio origen. Inventaron una ciencia rudimentaria, y comenzaron a experimentar sobre las posibilidades, las combinaciones, las circunstancias que pudieron haber hecho posible la vida. Y crearon vida, vida primitiva. Quisieron experimentar con ella, someterla a ciertas condiciones que, creyeron, fueron las condiciones donde se desarrolló y evolucionó. Decidieron que la mejor manera de dilucidar esto era experimentarlo en otro planeta, en cercano el Sistema Solar.

Y la historia se repetía, vez tras vez. Los habitantes de cierto planeta evolucionaban y se preguntaban sobre su origen, sobre su fin. Afanados en contar su propia historia, jamás pensaron, y jamás quisieron aceptar la respuesta más sencilla: nada, no pasa nada. De los confines del vacío, del más absoluto vacío, la posibilidad de que surja un dios es tan insondeable como de la que surja la pura y sola materia. ¿Qué clase de dios busca la humanidad? ¿Uno que le dé sentido a su búsqueda? Quizá ese creador esté muerto, nada nos espera al final de la vida. Y el universo se irá deteriorando hasta su ulterior desaparición...

j/e, 18/09/10, 16:00

14 de octubre de 2012

A)

El suicidio también es una culminación de la vida. Los seres humanos somos una ínfima parte de todos los organismos que han poblado este planeta y, en un sentido biológico, la vida humana está sobrevalorada. La ropa, la profesión, las calificaciones, la pareja, el crédito. Cuando sabemos perfectamente que no hay un dios, que no hay recompensa, que no hay más milagro que la continuidad de la propia vida, la fecundación incansable de un óvulo por un espermatozoide, la desquiciada reproducción del zigoto para formar un diminuto ser que haya de cargar con el peso de nuestras desgracias o de nuestros aciertos (porque ambas cosas son un lastre), su consecuente evolución como guiada por desastres naturales fuera completamente de su alcance, de su conciencia; que no hay justicia ni equilibrio sino aquel que marcan los límites de los recursos... entonces, ¿qué?
La vida es un parásito de la propia vida y sus goces no son más que recursos para asegurar este devenir absurdo de otras vidas. Pues nada. A veces dan ganas de dejar de existir. Salirse de esta rutinaria y estúpida tradición de estar vivo porque eso es algo importante, porque hay otra gente, por los libros, las películas y las botellas de whisky.

Arroparse de la nada más absoluta. La vida es un movimiento de materia de aquí para allá, su origen es la nada y su fin es la nada. Desaparecer y dejar de sufrir y ser felices.

10 de agosto de 2012

Atheism

El ateísmo no es una posición, como tal, que niegue la existencia de dios. Tampoco es una posición convencida que demuestre la no existencia de dios. Es, sencillamente, una posición tomada ante la no evidencia de dios. Si no hay evidencia, no hay por qué creer en algo.

Para saber algo, partimos de lo que conocemos, de lo que sabemos que existe. Y comenzamos con aquello que nuestros sentidos. Quizá las cosas que sentimos y percibimos no existan tal como las percibimos, incluso podrían ser alucinaciones y no haber una correlación real de aquello percibido. Pero podemos estar más o menos seguros de que las señales que percibimos provienen de algo existente.
Una de las "pruebas" esgrimidas históricamente por el pensamiento religioso de que hay algo superior a nosotros y creador de todas las cosas, es el orden visto en el universo. Pero no hay tal orden. El orden es solo una categoría donde hemos puesto ciertas observaciones. El universo, visto en su conjunto, es un completo caos que se dirige a su extinción, guiado por la entropía.

Si partimos de lo que existe, el origen de dios se remonta a los primeros atisbos de conciencia del humano. La idea de dios es bastante primitiva y no hay razón para creer que nuestros ancestros tuvieran más bases que nosotros, para tener razón. Como tal, dios fue de las primeras teorías para explicarnos, para explicar por qué estamos aquí, para justificar nuestra presencia.

21 de julio de 2012

k

Estoy jugando al papel de ser yo, el de imitar y converger con la imagen especular de mí mismo. Los múltiples estados microscópicos que debo reunir para que la masa de mi existencia sea, al menos fenomenológicamente, esto. Y sin embargo, cuántas permutaciones no podrían dar el mismo resultado. Un día podría ir caminando por ahí y encontrarme, mirarme en tercera persona, verme igual, idéntico, pero no ser el mismo. No ser Lo mismo.
En esas fisuras, en esos átomos que no convergen, en esa robustez que admite tantos fallos para dar el mismo resultado, las diferencias sutiles me permiten ser otro, moverme entre esa libertad que da lo caótico sin prestar demasiada atención a la abrumadora responsabilidad de mantener el equilibrio entrópico: el de representar un carácter desde mi nacimiento hasta reunirme con la nada. Contribuir al inexorable fin del universo consumiendo energía y desordenando todo. Porque soy información y también soy un proceso, lo momentáneo no existe.

El exterior nos define, apenas si damos un paso que no esté predeterminado. Empezamos como dos células unidas por interacciones químicas, y solo la posibilidad de esa unión da comienzo a la concatenación sin pausas y frenética del proceso de vivir. Somos una probabilidad, un cálculo de muchas funciones interdependientes. Pronto, inmediatamente, estamos envueltos en la lucha de la supervivencia. Las células se unen, se multiplican, se transforman y se vuelven un sistema que depende de lo que suceda afuera, aferrado a ser moldeado.

Interpreto la realidad. Mientras un perro ladra millones de ruidos lo acompañan y llegan en cascada a mis oídos que solo saben una cosa: un perro está ladrando. No puedo escuchar todo al mismo tiempo, sintonizo con una forma y paulatinamente emerge un patrón y conscientemente lo identifico.